Home < Alimentos en General < La Importancia de la Alimentación Durante la Adolescencia

La Importancia de la Alimentación Durante la Adolescencia



L.N. Lorena Berenice Ordoñez Méndez


El inicio de la adolescencia esta determinado principalmente por la aparición de los cambios morfológicos y funcionales que se presentan en ambos sexos. Las modificaciones más relevantes tienen que ver con la diferenciación sexual, la aceleración del crecimiento y la variabilidad individual que se presenta en estos procesos. Por eso es difícil definir una edad de inicio y de término específica pues en las mujeres puede abarcar de los 10-12 a los 16-18 años mientras que en los hombres se produce un poco más tardía de los 12-14 a los 18-20 años dependiendo de los factores genéticos y ambientales; en estos últimos la nutrición juega un papel determinante.


Los requerimientos nutricionales son muy elevados ya que dependen del gasto necesario para mantener el ritmo tan acelerado de crecimiento que no se presenta en ninguna otra etapa de la vida, por tanto, es indispensable tener un adecuado control de la alimentación para asegurar un aporte energético suficiente que permita hacer frente a las demandas, principalmente endócrinas, que modificaran la composición corporal y el desarrollo sexual.


De la misma forma es fundamental tener conocimiento de cómo afectan estas modificaciones el comportamiento alimentario pues  probablemente, es la adolescencia, la última etapa en dónde aún puedan aplicarse normas alimentarias y consejos de promoción de la salud antes de que se instauren definitivamente los hábitos que prevalecerán durante la edad adulta.


De inicio es aconsejable que los requerimientos energéticos y de proteínas se expresen por unidad de estatura y no por peso o edad cronológica como se hace en otras edades (Tabla 1) pues en este momento de la vida, la velocidad del aumento de estatura y la del aumento de peso guardarán una estrecha relación entre sí. Lógicamente, las necesidades nutricionales serán mucho mayores en el período de máximo crecimiento (que tiene lugar 6 a 12 meses antes de la menarquía o estadio 3 de Tanner en el caso de las mujeres y más tardíamente en el varón guardando relación con el estadio 4 de las etapas de Tanner).

Cabe destacar que las necesidades nutricionales se verán reducidas después de la menarca en el caso de las mujeres y, posterior a la fusión total de las epífisis óseas o al final de la maduración biológica en ambos sexos.



Es menester tener presente que al establecer un régimen de alimentación en un adolescente se debe tomar en cuenta el dimorfismo sexual, pues los varones ganan peso con mayor rapidez y lo hacen a expensas, principalmente, del aumento de la masa muscular y del tejido óseo; mientras que las mujeres presentan una mayor tendencia a acumular tejido adiposo. También será indispensable vigilar cuidadosamente el correcto aporte de nutrimentos específicos cuya deficiencia puede ser marcada durante este periodo más que en cualquier otro pues el rápido crecimiento de los tejidos puede incrementar notablemente los requerimientos, tal es el caso del hierro, ya que resulta indispensable para el crecimiento de los tejidos, principalmente del músculo; además en las mujeres es preciso reponer las pérdidas ocasionadas por la menstruación.


Por tanto, los requerimientos en los varones alcanzarán los 42 miligramos por cada kilogramo de peso que aumentan, mientras que las mujeres serán de 31 miligramos por cada kilogramo de peso extra puesto que éstas poseen menos tejido muscular.


 Otro mineral que debe vigilarse estrechamente es el calcio, sobre todo en el caso de las chicas, pues durante la pubertad la mujer habrá adquirido aproximadamente el 50% de su masa mineral ósea definitiva, 2 años después de la menarquía alcanzará cerca del 85% y 7 años después dejarán de observarse variaciones significativas, por tanto, la adolescencia es la etapa clave para procurar una adecuada reserva de este mineral, condición que tendrá efectos significativos en etapas posteriores de la vida como el climaterio y menopausia. Por otra parte, el zinc es otro nutrimento que resulta indispensable para la síntesis de ácidos nucleicos y para la maduración sexual, de tal forma que su déficit puede influir negativamente sobre los patrones de crecimiento.


Aunque también se deberá prestar atención al correcto aporte de otros minerales tales como el magnesio, yodo, flúor, cobre y cobalto, pues sus requerimientos pueden aumentar notablemente, es importante tener presente que una dieta variada, equilibrada, suficiente, completa y saludable ajustada a cada caso en particular podrá cubrir las demandas de éstos micronutrimentos, además de las de vitaminas, fibra, hidratos de carbono, proteínas y lípidos.


Finalmente, debemos considerar el riesgo latente que representa una correcta orientación durante esta etapa crucial de la vida, pues la combinación de factores genéticos, neuroquímicos, psicológicos y socioculturales pueden desencadenar conductas nocivas que repercutirán seriamente en el estado de salud.  El estilo de vida y el ambiente en el cuál el adolescente se desenvuelve influyen de forma definitiva en el desarrollo tanto de hábitos saludables como en el abuso de sustancias adictivas o la gestación de trastornos en la alimentación. Durante este periodo es destacable un mayor poder de decisión,  incremento en el poder adquisitivo, la frecuente omisión de alguna comida, la proliferación de dietas erráticas y caprichosas, la realización de un mayor número de comidas fuera de casa, la exposición al consumo de alcohol o de sustancias adictivas como el tabaquismo u otras drogas, etc.


Por tanto, es recomendable que el profesional de la salud se ocupe de la tarea de llevar a cabo un proceso de educación y orientación en dónde se promueva continuamente la adquisición de conductas positivas con el fin de crear en el adolescente una opinión crítica y una participación activa sobre la responsabilidad en el cuidado de su salud y de su alimentación, para ello se requiere llevar a cabo una labor de comunicación que promueva un modelo de comportamiento proactivo en busca de la prevención y el fomento de la salud, pues un adolescente saludable será un adulto saludable. 


Fuente:
www.asociaciondenutriologia.org

Subir al principio